LAURA CHUC

La Flaca andaba en Cancún
buscando voces divinas,
de repente escuchó por las esquinas
un agudo que hizo ¡pum!
Era Laura, la soprano,
la maestra de canto fino,
que con su voz de destino
iluminaba su camino..
Llegó la Muerte coqueta,
con rebozo y partitura:
“Maestra, qué tesitura,
cántame una opereta.”
Laura, sin nada de miedo,
le contestó sonriente:
“Flaca, si vienes de oyente,
primero te doy solfeo.”
“Un do agudo y bien vibrado
para que afines un rato,
que andas espantando con eso
de tu cantar desafinado.”
La Muerte rió a carcajadas,
aplaudió su valentía:
“No te llevo todavía,
aunque me hacen falta tus tonadas.
Quédate a dar clases de canto,
que aquí abajo andamos roncos,
y tus alumnos tan troncos
necesitan de tu encanto.”
Y se fue la Calavera
tarareando una aria,
presumiendo temeraria
que fue alumna desde la primaria
de la maestra Laura Chuc,
soprano de voz sagrada,
que a la misma muerte por vez primera
con una sola nota la dejó callada.




