Adriana Beltrán
Revivo en cada cuadro que realizo a los maestros clásicos del Renacimiento italiano, los traigo de vuelta a mi estudio, avivo la llama de su talento y los invito a pintar conmigo, gracias a su historia que he leído, viendo sus obras originales e incluso viendo las películas que han inspirado para entenderlos mejor.


Por Esteban Torres P.
Si bien cada artista escribe su propia historia artística con las mismas herramientas, cada mano que mueve esos mismos pinceles lo hace con un sello personal; usará los mismos colores y técnicas, quizá, pero el resultado es único, sin embargo, el sello que distingue el trabajo de Adriana Beltrán es apasionante, porque al realizar cada obra, se sumerge en la historia personal del artista a reproducir para descubrir qué hay más allá de las capas de pintura, en su mente mientras lo realizaba y todos los detalles posibles que condujeron al artista hasta ese punto de su creación, y Adriana al entender el proceso, encuentra la forma; sin repetir su técnica, comenzamos la charla con esta gran artista plástica para entender el origen, desarrollo y evolución de su arte de ser, pintora.
Para quienes tenemos mucho tiempo viviendo en Cancún, recordaremos la apertura de un museo que se hizo famoso por su acervo: Pelópidas, en el centro comercial La Isla. Ese espacio surgió cuando el empresario Juan Poch conoció al jefe de Adriana mientras estudiaba en Italia, allá surgió el proyecto de abrir un museo donde se exhibirían reproducciones autorizadas, sin embargo, las que pintaba Adriana eran de una calidad superior y los interesados en adquirir esas piezas, preferían negociar con ella directamente, ya que para ese entonces gozaba de cierta popularidad en ese círculo social por los retratos que venía pintando también.
Actualmente realiza ese mismo estilo de pintura, sin embargo, se permite realizar otros trabajos ya sea por inspiración propia o por encargo, como un Boticelli que acaba de entregar a unos clientes, pero con otras medidas para disfrutarlo aún más, con el marco lo más parecido al original. De la misma forma recién terminó recientemente unos Boteros que nos compartió desde su celular.
A la par de su trabajo por encargo, Adriana desea hacer una contribución social a través de un proyecto personal, pintando mujeres empoderadas, que sean un ejemplo para nuestra sociedad por la obra que realizan, y así montar una exposición con mensaje que inspire a otras mujeres; este trabajo no ha podido arrancar porque su agenda está llena de compromisos, pero asegura que el próximo año estará listo a como dé lugar, “pinto muy rápido”, comentó con una sonrisa.
“Cuando le puse fecha de inicio a este proyecto me abandonó un artista con el que iba a trabajar en conjunto (A.V.) y después falleció mi promotora, Janette Ezcurra, así que eso me detuvo, pero ya quiero retomarlo con un nuevo equipo o yo misma con mis propios recursos. Ya estoy en pláticas con varias mujeres como Elena Villarreal, Gloria Torruco, así como una mujer muy importante dueña de varias marcas de la que no diré su nombre por el momento”, comentó.
Su abuelo y su padre eran aficionados a la pintura como hobby, y ellos fueron quienes visualizaron su potencial desde los siete años, pero no se identificaba, “era algo mecánico, me daban, por ejemplo, una manzana para pintarla y cosas así que no me inspiraban, así que el tiempo pasó y ahí se quedó esa intención”, nos compartió.
“Estudiando en Italia Diseño Industrial, en una reunión de artistas, arquitectos y diseñadores conocí a los dueños de la empresa que hacían copias de grandes obras, ahí fue cuando conocí a una de las dueñas que además era maestra en la escuela de pintura en Brera, Milán. A la par que estudiaba, ingresé a esta firma y así acabé amando la pintura, específicamente la figurativa, los paisajes y esas cosas no me llamaban mucho la atención; disfrutaba mucho cuando llevaban modelos para pintarlos, eso me inspiraba más”, aseguró.
“Cuando regresé a México decidí que sería en Cancún, aquí mi papá me presentó a Maty Roca, que fue la promotora de artistas número uno, sin embargo, limitaba mi creatividad, a veces temática, o de formatos y eso no me gustaba, preferí abrirme camino por mi cuenta sin limitarme, esa libertad es necesaria para un artista”, afirmó.
“Mi proceso creativo involucra mucha biografía, así me meto en el mundo de cada artista; descubro en qué se inspiraba, no nada más es copiar y ya, es conocer sus técnicas, cómo usaba los colores, de dónde los obtenía, qué momento de su vida estaba viviendo cuando pintó tal o cual obra, es toda una investigación para hacerlo igual, no intervengo con detalles personales, es la obra fiel, lo único que cambia son las medidas, a veces más grandes o más pequeños”, aseguró.
“Aprendo de todos ellos, cada uno es mi maestro, considero que actualmente no hay artistas de la talla de los grandes artistas del Renacimiento italiano, por ejemplo, no ha nacido otro Da Vinci o Miguel Ángel”, aseguró.
En ese sentido, ¿hacían dónde crees que ha evolucionado la pintura contemporánea, respecto a la que tú valoras, admiras y reproduces, que se equipare a la calidad de otros tiempos?
“Estamos viviendo la época que todo es fácil, rápido; hacer un clásico conlleva creatividad, pero también he trabajado al servicio de la hotelería. De ese tiempo tengo una anécdota: Alguna vez pinté una serie de cuadros para un hotel en Holbox, Villas Paraíso del Mar, cuando los montaron en sus marcos maltrataron algunas obras y tuve que restaurarlos, me asistió un jovencito que se detuvo mirando uno de ellos y me preguntó ¿cómo se llama tu cuadro? Le dije no tiene nombre, ¿tú cómo le pondrías? La vida -me dijo-, porque la vida es así, subes y bajas. Me dio una explicación impresionante. Eso me llenó como artista, porque le di un mensaje a una persona que no tiene ni idea de cómo se concibió o qué me inspiró y a él le provocó un sentimiento, esa es la misión del arte”.
¿Consideras que actualmente hay un abismo entre toda esa calidad y lo que nos ofrece vida ahora? Cierto que todo se va ajustando a épocas, gustos y necesidades, ¿crees que ya no hay exigencias o tanto los artistas como el público se van a lo superfluo sin exigir un trabajo de calidad?
“Cuando viajo visito muchos museos, uno de mis artistas favoritos es Gustav Klimt, su obra que más admiro es El Beso, que está en Viena, y cada vez que lo veo se me salen las lágrimas, me emociona mucho. Ya no hay muchos como él. Yo respeto los gustos de cada quién y el talento contemporáneo, pero no lo comparto, eso sí”.
¿Has pensado alguna vez en transmitir de alguna forma toda esa experiencia acumulada en obras, años de trabajo y lecturas biográficas de tantos artistas, a través de la docencia?
“No me veo enseñando como maestra, no tengo esa capacidad para transmitir. Mi trabajo es algo tan personal que no permito a nadie a mi lado, es mi momento. Alguna vez una amiga me pidió que le enseñara a hacer una virgen para la recámara de su nieta, preferí hacerlo y regalárselo que enseñarle cómo pintar una virgen. Con tanto trabajo que tengo no me da el tiempo. No tengo esa cualidad”, mencionó.
Platicar con Adriana es dibujar una conversación sin fin, cada tema nos lleva a otro lienzo del que resulta otra obra y otra historia para compartir, podríamos seguir pintando y platicando porque la vida de un artista es fascinante; retomando el tema de los artistas clásicos que reproduce y de los que se ha hecho toda una especialista, Adriana siente que los revive en cada cuadro que realiza, los trae de vuelta a su estudio, aviva la llama de su talento y los invita a pintar con ella porque se nutrió previamente de su historia a través de lecturas, biografías e incluso películas que han inspirado y que ella ve previamente para entenderlos mejor.
¿Te imaginas viviendo otra vida que no sea trabajando con la pintura?
“No, ya estaba predestinada a vivir en el arte, estudié diseño y después me apasioné de la pintura. Cuando no pinto obras, pinto otras cosas, intervengo sombreros, bolsas para dama, ropa; a mis amigas les regalo siempre algo pintado y es algo que nadie tendrá, siempre ando buscando qué hacer, así que no descanso ni yo, ni mi creatividad, pero la exposición de cuadros de mujeres destacadas será mi objetivo del próximo año”, aseguró la artista.
Sin compartir los secretos que guarda su pincel, afirmó que simplemente son la extensión de su mano, de su corazón, y todo lo que se le quiera preguntar, la respuesta está escrita en cada una de sus obras.
Acerca del color que de alguna manera la define es el amarillo indio, “es un amarillo dorado, siento que es luz energética; el azul lapislázuli es otro, me apasionan los colores que antes se hacían con pigmentos o productos naturales, muchos de ellos los encuentro solamente en Italia, de allá me traigo todas mis pinturas para trabajar, principalmente”.
Cuando le preguntamos por la obra que más trabajo le dio realizar o la que rechazó por el grado de complejidad, mencionó que nunca ha rechazado ninguna, todas las ha reproducido, tal cual, “excepto las que he rechazado porque no me han querido pagar lo que valen”, sin embargo, la que más esfuerzo le demandó actualmente fue la virgen que hizo de Boticelli, “aunque ya había hecho muchas obras de este artista, La Virgen fue un desafío y un placer a la vez y cuando la terminé, uno de los sacerdotes del Santuario de María Desatadora de Nudos la vio y pensó que los propietarios la habían comprado a un museo y no, es una reproducción a diferente escala”.
Y así habríamos seguido y platicando con Adriana Beltrán, pero el lienzo de esta página tiene un especio delimitado, más no su historia que tendrá nuevos cuadros que ofrecernos.




