Manuel García Jurado, Coleccionista del mayor astillero a escala
“Creo que mucho depende de la conexión que tengas con el mundo del mar para amar este tipo de modelismo; es más común que te identifiques con un auto porque lo usas más seguido, en cambio no todos tienen ese vínculo náutico como es mi caso”
Por Esteban Torres P.
Uno de los tesoros más preciados de Manuel García Jurado que con gusto comparte con sus mejores amigos es su colección de barcos que decoran su casa de piso a techo, de pared a pared, sin embargo, el espacio empieza a agotarse por lo que antes de armar el próximo se detiene a pensar qué tan importante es para dedicarle su tiempo, pero la respuesta ya la tiene de antemano él mismo: todos son valiosos y todos tienen un lugar en la historia de la vida náutica, así que adelante y empieza a trabajar en él, el tiempo que le tome.
El gusto por coleccionar barcos y armarlos él mismo tiene su origen, su padre, don Manuel García Jurado fue Capitán de Altura, máximo grado dentro de la marina mercante; en su juventud, Manuel exploró de cerca esta profesión, pero no hizo conexión, así que soltó el timón que le sugirió su padre y perfiló su vocación hacia otros mares. Su hermano Javier sí aceptó la sugerencia de su padre y escaló por diferentes rangos hasta que la Marina pasó a manos de las Fuerzas Armadas y él mismo puso fin a su carrera, pero esa es otra historia. Atrás de su padre existe otro eslabón que lo vincula a los barcos, don Ignacio García Jurado, tío abuelo paterno que fue Comodoro, un grado militar muy importante dentro de las fuerzas navales.
Desde entonces ha compaginado su actividad empresarial sin dejar de lado ese gusto que lleva en su ADN por los barcos, así comenzó una colección previo estudio de cada modelo, a veces buscándolo específicamente o bien lo sorprendía una gran ola y detrás de ella había un aparador con un nuevo barco que esperaba atracar en sus manos para lucir nuevamente su forma a escala.
“Los primeros barcos que armé naufragaron con los huracanes y las mudanzas, no sé dónde quedaron, parte de mi colección inicial se convirtió en decoración del restaurante Mocambo, pero en 2005 Wilma se los llevó mar adentro con todo y la palapa, sólo rescaté uno medio ´traqueteado´ así que decidí hundirlo con todos los honores, pero el astillero no se dio por vencido y continuamos armando más barcos”, comenta el capitán de esta gran colección.
Poco a poco su biblioteca personal se fue recorriendo porque el dragado de un nuevo muelle estaba avanzando, cada día requería de más espacio hasta que finalmente la Almirante de su hogar frenó las obras que continuaron al interior de un estudio al que ya no le queda espacio para recibir a nuevos barcos, pero ni eso detiene su colección que va mar adentro hacia otros rincones de su casa.
Cada barco que ha armado tiene su historia y lo mejor es que Manuel la conoce de pro a popa, así que como buen marino guiado por su capitán, recorrimos su colección, navegando por épocas, tipos de embarcaciones y cada uno es muy distinto del otro, ya que hay desde madera, plástico, papel y hasta metal, según lo amerite el material con que fue hecho cada barco originalmente.
“Cada barco para armar viene con las piezas exactas: clavos, tornillos, tablas y la tela de sus velas, así que hay que ser muy cuidadoso de que no se pierda ninguna, siguiendo los planos, eso es muy importante, por eso tengo un taller donde me abstraigo del mundo para concentrarme mejor y esa ha sido mi terapia, mi pasión y donde me conecto con ese mundo que me presentó mi padre, pienso en lo feliz que fue navegando, pero yo prefiero hacerlo desde tierra firme y no entre tempestades como las que seguramente le tocaron algunas veces”, afirma el gran coleccionista.
Para quienes desconocemos la evolución del mundo náutico, la colección de Manuel es en sí un buque escuela donde apreciamos desde los tiempos de los griegos y los romanos, pasando por la primera y la segunda guerra mundial, los grandes cruceros y demás barcos que han grabado su nombre en la historia como el mismo Titanic, el Bizmark, el famoso USS Arizona, barcos vikingos, galeazas venecianas y hasta la Santa María (una de las tres carabelas de Hernán Cortés), los hay desde los que navegaban con grandes velas, con carbón y diversos tipos de energía, cada uno tiene presencia en esta gran colección.
Algunos barcos los encontró en tiendas que existieron en Plaza Kukulcán y Malecón, otros más durante sus viajes por el mundo, pero ahora están más accesibles en el océano de internet, llegan más rápido y no hay que esperar tanto como en otros tiempos que se pedían por catálogo.
Manuel pertenece a un grupo de modelismo donde se reúnen para platicar de sus nuevos proyectos, algunos los han llevado a concursos a nivel peninsular y afortunadamente ha ganado primeros lugares por el grado de complejidad y las horas/hombre invertidas en su construcción. De su rubro cada vez hay menos participantes, en cambio los de autos y aviones son más numerosos, incluso conseguir nuevos barcos para armar se ha hecho más difícil porque no cualquiera se anima ni tiene la paciencia para hacerlos, así que posiblemente no habrá que seguir haciendo más muelles en su casa.
“Creo que mucho depende de la conexión que tengas con el mundo del mar para amar este tipo de modelismo; es más común que te identifiques con un auto porque lo usas más seguido, en cambio no todos tienen ese vínculo como es mi caso, a través de mi padre y mi hermano; en Europa sucede lo contrario, tienen una gran tradición naviera muy marcada porque era su principal medio de transporte, en ese sentido destacan España, Inglaterra, Alemania; actualmente estoy elaborando mi barco entre 105 o 110, ya perdí la cuenta”, suspira y aclara.
Un proyecto que tiene en mente y que abarcaría los 100 modelos más destacados de su colección sería un libro, una antología de su pasión; por un lado, con sus detalles y características, y por el otro una buena foto del barco a escala para que sepan de qué estamos hablando; “quizá le agregaría algunas notas personales como la razón que me hizo armarlo, pero todo está aún en proceso”, agregó.
El mar es en sí otra de sus pasiones para Manuel, por eso llegó un día a Cancún y tiró el ancla para disfrutar de este paisaje, lo mismo hicimos durante la charla para platicar sobre su breve incursión en el negocio de los catamaranes, así como conocer todo lo que hay debajo del mar con ayuda del experimentado buzo Beto Friscione, a quien lo une una gran amistad, la misma que se ha extendido entre los hijos de ambos.
Definitivamente estar frente a esta gran colección nos hace pensar en una fracción de la historia, pero sobre todo en la pasión de un amante del mar que ha sacado a flote una creciente colección que en breve desea compartir, la que a veces le ha servido como terapia ocupacional y en otras para pensar con claridad en el siguiente paso como fue apadrinar el patronato de la Sinfónica de Cancún, crear su propia banda de músicos aficionados como lo es The Jurassic Band, la que se ha fortalecido con la llegada de nuevos elementos y en la que sigue activo porque la música es otro de sus pasatiempos mientras llega el momento de armar un nuevo barco, porque mientras haya vida y ganas de que otro barco vea la luz, por qué no. Así que esta colección continuará, mientras tanto recogemos el ancla para seguir navegando; Manuel extendiendo el mapa de un nuevo armado y nosotros con otra historia qué plasmar porque el arte de ser, es infinito.





