Brújula Influencer

FRIC MARTÍNEZ

 

Por David Asencio

Web: https://www.fricmartinez.com/

Instagram: fricmartinez

Fric Martínez es conferencista, empresario, autor y emprendedor. Es fundador del reconocido estudio de animación Organika y creador de Buenondismo, una comunidad donde ayuda a conseguir trabajo a creativos y publicistas, que actualmente cuenta con más de cuarenta mil miembros. Además, impulsa soluciones prácticas para mejorar la atención a clientes y pacientes, por ejemplo, a través de herramientas como WhatsApp, para que las personas sean atendidas oportunamente. Porque de poco sirve tener a un excelente doctor si sus pacientes están inconformes porque no reciben una buena atención desde el primer contacto.

Fric, cuéntanos un poco de ti. ¿Quién eres y cómo llegaste hasta aquí?

Yo soy el cuarto de seis hermanos. Crecí en Satélite, al norte de la Ciudad de México. Cuando me preguntan qué estudié, siempre digo, medio en broma, que tengo maestría en primero de preparatoria, porque nunca terminé formalmente mis estudios y me puse a trabajar desde muy joven en animación, diseño y efectos visuales. Después me fui a vivir a España, donde tuve como cliente a Guillermo del Toro. Más adelante, tras muchos años con mi empresa, decidí salir de ella y enfocarme en crear una comunidad de creativos llamada Buenondismo. De ahí también surgió mi seudónimo y una nueva etapa profesional. Hice muchos proyectos distintos y, cuando cumplí 40 años, entendí que lo que realmente había querido ser desde niño era autor. Entonces decidí dedicarme a escribir libros y también a dar conferencias, algo que se me da muy bien porque conecto fácilmente con la gente. Así fue como terminé escribiendo ocho libros”.

34CBB8E9 8E3E 4420 B033 1E78387E14D5
34CBB8E9 8E3E 4420 B033 1E78387E14D5

Tu trabajo conecta mucho con las personas. ¿Desde dónde hablas cuando escribes o das una conferencia?

“Yo no hablo desde la autoridad, sino desde la experiencia. Simplemente, las cosas que voy aprendiendo las convierto en libros, porque desde niño me ha gustado mucho hacer libros con ilustraciones. Luego la gente me dice: “Oye, está muy bueno ese contenido, te invito a dar una conferencia sobre eso”, y yo encantado. Muchas veces, cuando me paro frente a un público y hablo de temas más relacionados con el desarrollo humano, les digo: “Yo ni siquiera sé por qué habrían de hacerme caso, si solo soy una persona común. Pero esto es lo que me ha servido en la vida”. He cometido muchos errores, he tenido muchos fracasos, y aprendí que me funciona mejor hacer las cosas de cierta forma. Entonces comparto eso por si a alguien le sirve. Y afortunadamente, la respuesta que he recibido ha sido muy positiva. Muchas personas me han dicho que algo que escucharon en una conferencia, en redes o en un libro les ayudó a ver una situación de otra manera. Algunos incluso me dicen: “Ese golpe que te diste en la vida me ayudó a evitar darme yo el mismo”. Y yo siempre les respondo que, aun así, lo mejor es vivir la experiencia propia, porque escuchar a alguien no sustituye el aprendizaje personal”.

¿Qué opinas sobre las credenciales y la validación profesional, considerando que tienes una manera muy particular de ver este tema?

Sí, totalmente. Cuando saqué mi primer libro, una de las cosas que hice fue certificar una metodología de emprendimiento de veinte pasos. Algunas personas me invitaron a hacerlo y me ayudaron. Recibí un documento que decía que mi metodología estaba certificada por el Instituto Nacional del Emprendedor, y eso me ayudó a abrir puertas. Ese primer libro sigue en librerías y fue importante para mí. Pero también recuerdo que, cuando empecé a moverme en el ecosistema emprendedor mexicano, me integré muy rápido: estuve en incubadoras, conocí mucha gente y desarrollé distintos proyectos. Cuando daba pláticas, me di cuenta de que muchos jóvenes no entendían bien los términos del emprendimiento. Entonces decidí hacer un manual sencillo e ilustrado sobre esos tecnicismos, para que pudiéramos comunicarnos mejor. Un año después, ese manual se convirtió en un método para crear tu propio negocio. Hubo una vez que alguien me escribió para preguntarme en qué estudios me había basado para escribirlo. Le respondí que, en ninguno, que todo venía de mis vivencias. Entonces me cuestionó cómo podía vender un libro así. Y yo simplemente le respondí con el enlace de compra. Mi postura siempre ha sido la misma: si tienes algo que decir, dilo. Si alguien te sigue en redes o quiere ir a escucharte, será porque encuentra valor en lo que compartes. Y si no lo encuentra, simplemente no te seguirá”.

En redes sociales, muchas personas enfrentan críticas o comentarios negativos. ¿Cómo manejas eso?

“Mi proceso con los haters cambió mucho con el tiempo. Hace años, cuando alguien me escribía algo negativo, yo sentía que tenía que responder de forma amable o justificarme. Pero eso fue hace mucho. Hoy no. Ahora los bloqueo de inmediato. Literalmente, a veces ni termino de leer el mensaje cuando ya los bloqueé. Se me hace muy extraño que alguien se tome el tiempo de escribirle algo malo a una persona que no conoce. Para mí, si haces eso, necesitas terapia urgentemente. Entonces no me engancho, no respondo, no trato de dar lecciones ni de quedar bien con nadie. Y eso me ha funcionado muchísimo. De hecho, desde hace años prácticamente ya no tengo haters, porque simplemente eliminé esa posibilidad. Se quedaron solamente las personas a las que realmente les gusta mi trabajo y mi forma de comunicar”.

También tienes una relación muy interesante con la tecnología y con la inteligencia artificial. ¿Cómo la vives?

Desde niño me fascinaba la idea de poder preguntarle cualquier cosa a una máquina. Mi papá era ingeniero en computación, desde antes de que la computación fuera algo tan accesible como hoy. Estudió en Estados Unidos y siempre fue una persona muy tecnológica. Recuerdo que de niño le decía: “Oye, papá, ¿y le puedo preguntar algo a una computadora, como si pudiera conversar con ella?”. Y él me decía que eso sería como tener una plática con una computadora. A mí esa idea me dejó impresionado y me quedé con las ganas de vivirlo. Ahora, con la inteligencia artificial, eso ya es una realidad. Incluso me compré unos lentes con inteligencia artificial y ya puedo preguntarles cosas todo el tiempo. Es algo que me atrae muchísimo. De hecho, si me preguntas a mí, hasta me pondría un chip en el cerebro cuando eso exista, porque me parece fascinante”.

¿Quiénes han influido más en tu forma de pensar?

“Curiosamente, no son tanto novelistas o autores tradicionales. A mí siempre me atrajeron más los textos relacionados con la espiritualidad y la liberación del sufrimiento humano. Entre las figuras que más me han influido están Lao-Tsé, Mahavira, Krishnamurti, Buda, Jesús de Nazaret, Suzuki y Ken Wilber. Todos ellos me parecen profundamente valiosos, y muchos ni siquiera vivieron con intereses materiales o económicos. Eso me inspira mucho. Son de las pocas influencias de las que siento que realmente me he dejado permear por completo”.

Hoy en día, ¿qué buscas comunicar en redes?

La verdad es que no siempre tengo una agenda rígida o un mensaje fijo. Yo soy una persona distinta todos los días. En este momento, por ejemplo, no estoy haciendo tantas redes porque en diciembre terminé una etapa de producir muchos videos diarios con mi asistente, y llegó un momento en que sentí algo parecido a Forrest Gump cuando deja de correr y simplemente dice: “Ya no quiero”. Entonces decidí hacer una pausa. Ahora mismo, mi objetivo principal en redes es vender libros y conferencias. Tengo una socia, que además es mi pareja, y ella es completamente mi contraparte. Yo soy más soñador, más romántico, más espiritual; ella es mucho más estratégica y práctica. Entonces, mientras yo pienso en crear y expresar, ella me recuerda que también hay que vender. Así que vivo en un punto medio entre esas dos partes: la parte creativa y la parte comercial”.

Para cerrar, ¿qué te gustaría transmitirle a la gente de Quintana Roo?

Me gustaría decirles que la vida es muy corta y preciosa. Para quienes entendieron que esto es un juego, se vuelve más ligera. Pero si te la tomas demasiado en serio, la pasas mal. La vida se va muy rápido y, en realidad, muy pronto todos nos vamos a morir. Yo tengo un ejercicio muy personal: cuando estoy con alguien que amo —mi mamá, mi hija, mi hermano— pienso: “Mira, cuando estaba viva”, “mira, cuando estaba vivo”. Y eso, en lugar de ponerme triste, me ancla completamente al presente. Te hace valorar el momento. Si logras estar presente durante los 80 o 90 años que te toque vivir, eso ya es muchísimo. Porque al final, de verdad, no importa tanto qué comiste, qué compraste o qué aparentaste. Lo importante son los vínculos emocionales. Para mí, la felicidad está ahí. Entonces mi visión es muy simple: vive tu vida, porque se va a acabar. Y nadie se va a acordar de ti para siempre. Así que esta vida es tuya. Haz con ella lo que quieras”.

Mostrar más
Back to top button