Recuerdo imborrable a 100 años de su nacimiento
Por Esteban Torres P.
legó el día editorialmente más importante de mi pasión profesional, que es investigar, leer y volver a leer quién fue, qué le gustaba, qué movía sus sueños, pero todos los caminos y las lecturas que he hecho me llevan a un misma página: nunca tuvo amor suficiente, desde que nació su corazón se fracturo: no conoció a su padre y su madre padecía desequilibrio mental, pero sus sueños no, eso crecieron, construyeron castillos en su mundo interior y en una sociedad de hombres empoderados y mujeres sometidas, logró abrirse camino y dar felicidad con su imagen, con su sensualidad, además de ser genuina, verdaderamente una persona que actuaba desde sus propios valores y no buscaba complacer a los demás a costa de su propia identidad. Esa mujer fue la divina Marilyn Monroe, que este año, este día primero de junio hubiera cumplido 100 años.

Siempre he creído que los sueños más grandes están obligados a hacerse realidad tarde o temprano si les ponemos empeño, de qué sirve el descanso si esa mente despejada no la convertimos en proyectos que motiven a nuestro círculo y así fue, la primera persona en recibir la invitación para dar vida a una Marilyn tropical usando el vestido blanco fue Cristina Chalita, una dama hermosa, bella y dispuesta a rendirle homenaje a la rubia; Gerardo Velasco aceptó hacer el diseño y entre ellos nació una amistad. Carla Cruz y Jéssica MacFarland, las directivas del Instituto de Estudios Creativos en moda, diseño y arte, aceptaron invitar a sus alumnos a dar rienda suelta precisamente a su creatividad en torno al tema y cuál fue mi sorpresa que participarían no sólo con un diseño, sino dos, se formaron dos grupos: Regina Consuegra y Valentina Velázquez, así como Diego Durán, Camila Morales, quienes estudiaron el personaje y aportaron dos diseños a esta colección conmemorativa.

Elegir los atuendos de un ícono como Marilyn Monroe fue fácil. El famoso costal de papas fue el tercero en decidirse y ese lo apartó Vanessa Mendoza quien trabajó con su amiga la diseñadora Patricia Coria, motivadas por la misma idea: “Elegimos personificar ese momento porque nos recuerda que la belleza real no pide permiso, no le importa la edad, ni las marcas, ni las dos horas de maquillaje. Sólo pide actitud”.

Después de evaluar el estilo y la disponibilidad de mis amigos diseñadores, invité a Rubén Brito y Jonathan Canché quienes encantados realizarían el inolvidable y multi reproducido vestido rosa. “Claro que lo hacemos, ¿a quién se lo vamos a poner?” Esa pregunta pasó por un camino empedrado y al final la estrella del maquillaje: Wendy Leal, lo lució como toda una diva, con actitud, disposición y gracia. El resultado se logró y mi sueño también, creció como la espuma, cada paso lo fortaleció y gracias al talento de grandes fotógrafos como Eugenio Salcedo y Doc Malone, así como el retoque digital de mi querido Alejandro Coreas, las imágenes/homenaje dan vida a un Editorial Especial que recuerda desde Cancún a una leyenda que vivirá por siempre mientras alguien la recuerde. ¡Gracias a todos!



