Mara Lezama *deja un legado profundo* en la transformación de Cancún y abre una nueva etapa para la ciudad, con una obra majestuosa, de acceso totalmente gratuito, que amplía sus horizontes y redefine su relación con el entorno natural.

Hay obras que se construyen con concreto. Y hay obras que empiezan mucho antes: con una visión, una gestión y la decisión de no dejar de tocar puertas hasta hacerlas realidad; es así como Mara Lezama, logró concretar, el Puente Nichupté.
Hoy, los 11.2 kilómetros que cruzan la Laguna Nichupté y conectan el corazón de Cancún con la Zona Hotelera son una realidad. Pero para llegar hasta aquí tuvieron que pasar años de proyectos, gestiones, decisiones y voluntad política.
Y en esa historia hay un nombre que aparece desde el origen y hasta la inauguración: Mara Lezama.
Cuando era presidenta municipal de Benito Juárez, Mara identificó uno de los grandes problemas que enfrentaba Cancún: una ciudad que crecía aceleradamente mientras su movilidad se convertía en un problema. El acceso a la Zona Hotelera se había convertido en horas perdidas para miles de trabajadores, familias y visitantes.
Desde el Ayuntamiento comenzó la gestión ante el Gobierno Federal para impulsar una solución de fondo. En 2019, siendo alcaldesa, ya se encontraban entre las peticiones federales los recursos para el puente lagunar. Años después, en 2022, el proyecto formaba parte de las grandes obras federales que Mara había gestionado para transformar la infraestructura de Cancún.
El recurso sería federal. La construcción, también. Pero gestionar una obra de esta magnitud, conseguir que entrara en la agenda nacional, darle seguimiento y mantenerla como prioridad hasta verla concluida requería algo más que presupuesto: requería capacidad política y perseverancia.
Y ahí estuvo Mara.
Su llegada a la gubernatura representó la continuidad de esa gestión desde una posición distinta: ahora desde el Gobierno de Quintana Roo, acompañando el desarrollo del proyecto, facilitando trámites, colaborando en la liberación del derecho de vía, apoyando la socialización de la obra y trabajando de manera coordinada con la Federación.
Pero su visión fue más allá, pues el puente no era un proyecto nuevo, diversos gobiernos lo pensaron, pero con la diferencia de que solo ella luchó por que además de concretarse, fuese totalmente gratuito, mientras otros gobiernos solo vieron en el puente un negocio redondo para exprimir los bolsillos de los ciudadanos.
La obra finalmente fue inaugurada en mayo de 2026 por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la Gobernadora Mara Lezama. Tiene 11.2 kilómetros de longitud, tres carriles —uno reversible—, ciclovía bidireccional y una función estratégica que va mucho más allá de la movilidad: también representa una nueva ruta de evacuación para la Zona Hotelera.
Su impacto se mide en kilómetros, pero también en algo mucho más valioso: tiempo de vida, “en algunos años, este puente dejará de ser novedad, pero ya se habrá vuelto indispensable.”
El recorrido que podía representar largos periodos de traslado se reduce considerablemente. Miles de trabajadoras y trabajadores pueden hoy regresar antes a casa; las familias tienen más tiempo juntas y Cancún cuenta con una alternativa vial que durante décadas pareció imposible.
Y más aún, por primera vez, Cancún cuenta con un elemento exclusivamente urbano que también se convierte en un atractivo turístico. Integrado al espectacular entorno natural de la Laguna Nichupté, el puente ya es recorrido y disfrutado por visitantes locales y foráneos como una atracción más.
Es un paso trascendente: el inicio de una transformación que proyecta a Cancún como una ciudad del siglo XXI, con nuevos espacios y experiencias que vale la pena descubrir y que amplían su oferta más allá del tradicional turismo de sol y playa.
Por eso el Puente Nichupté no debe entenderse únicamente como una obra de infraestructura federal. Es también la materialización de una visión que Mara Lezama comenzó a impulsar desde la Presidencia Municipal y que tuvo la capacidad de llevar hasta la gubernatura.
Pero entre aquella primera gestión y el día en que el puente abrió sus carriles hubo un hilo conductor: la insistencia de una gobernante que convirtió una demanda histórica de Cancún en una prioridad de gobierno.
Hoy, cuando Quintana Roo se prepara para el Cuarto Informe de Gobierno de Mara Lezama, el Puente Nichupté emerge como una de esas obras que permiten medir un gobierno no solamente por lo que anuncia y administra, sino por lo que logra concretar.
Los gobiernos pasan, las administraciones terminan. Pero las obras que transforman la vida de una comunidad permanecen, “En algunos años, este puente dejará de ser novedad, pero ya se habrá vuelto indispensable para la ciudad”.
Mara lo gestionó.
Mara lo impulsó.
Mara lo llevó hasta la realidad.
Y lo convirtió en un legado para Quintana Roo.




