Pedroluiz Ibarra Osuna
“Las redes sociales nos han acostumbrado a reaccionar de inmediato, pero casi nunca nos detenemos a pensar”.

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Por David Asencio
¿Quién es Pedroluiz Ibarra?
“Es una pregunta interesante porque normalmente respondemos desde lo que hacemos y no desde quienes somos.
Podría decirte que soy comunicador, creador de contenido, editorialista, conductor de podcast y activista por los derechos humanos, pero eso solamente describe mi profesión.
En realidad, soy una persona profundamente curiosa. Me gusta cuestionar, investigar, aprender y entender por qué suceden las cosas. Desde muy joven descubrí que la comunicación era la herramienta que me permitía conectar con otras personas y generar conversaciones que normalmente no se tienen.
Siempre he sentido una enorme responsabilidad respecto a la información que comparto. Hoy cualquiera puede publicar algo en redes sociales; sin embargo, considero que cuando uno tiene una audiencia también adquiere una responsabilidad ética.
No me interesa generar contenido únicamente para obtener vistas o seguidores. Prefiero que una sola persona reflexione sobre un tema importante a conseguir millones de reproducciones con información superficial”.
¿Cómo defines tu trabajo actualmente?
“Hoy mi trabajo consiste en abrir conversaciones. Vivimos en una época donde existen demasiadas opiniones y muy pocas reflexiones profundas. Las redes sociales nos han acostumbrado a reaccionar de inmediato, pero casi nunca nos detenemos a pensar.
Mi intención es justamente esa: invitar a las personas a cuestionarse. No pretendo que la gente piense igual que yo; al contrario, me interesa que desarrollen pensamiento crítico.
Cuando preparo una editorial o un episodio de mi podcast invierto mucho tiempo investigando. Procuro leer distintas fuentes, revisar estudios, buscar especialistas y comprender el contexto antes de emitir una opinión. Creo que una de las mayores responsabilidades de quien comunica es reconocer que no posee la verdad absoluta”.
¿Qué tan importante es para ti el proceso de investigación antes de publicar un contenido?
“Es fundamental. Vivimos una época en la que cualquiera puede tomar un video de treinta segundos y convertirlo en una verdad absoluta, cuando en realidad muchas veces desconocemos el contexto.
Por eso trato de ser muy cuidadoso.
No significa que nunca me equivoque. Claro que me equivoco. He cometido errores, he dicho cosas que después he tenido que corregir y he cambiado de opinión conforme voy aprendiendo.
No me avergüenza reconocerlo. Creo que cambiar de opinión cuando aparecen nuevos argumentos o nueva evidencia es una muestra de crecimiento, no de debilidad. Lo verdaderamente irresponsable sería seguir sosteniendo una postura solamente por orgullo”.
Desde fuera parece que simplemente te sientas frente a una cámara y hablas. ¿Qué hay detrás de ese proceso?
“Muchísimo trabajo. Por ejemplo, además de mis editoriales, tengo un podcast semanal y también conduzco El Cochiciero, un programa completamente en vivo.
En un programa en vivo ocurren muchas cosas. A veces dices algo de una forma distinta a como querías expresarlo o cometes alguna imprecisión. Eso forma parte de la naturaleza del formato.
Sin embargo, las editoriales son diferentes. Ahí existe un proceso mucho más elaborado. Primero surge una idea. Después viene una etapa de investigación muy extensa. Leo artículos, reviso estudios académicos, comparo distintas perspectivas y trato de comprender el fenómeno desde varios ángulos.
Posteriormente elaboro un guion. Ese guion pasa por revisiones y ajustes hasta que finalmente se convierte en la pieza que la audiencia ve publicada. Es un proceso mucho más largo de lo que la mayoría imagina”.
¿De dónde surgen los temas que desarrollas?
“Generalmente comienzan con algo muy sencillo. Estoy navegando en redes sociales, leyendo noticias o consumiendo contenido y, de pronto, algo me incomoda.
Cuando eso ocurre procuro detenerme y preguntarme: “¿Por qué esto me hizo ruido?”
Hay una frase que dice: “Lo que te choca, te checa.”
No siempre es cierta, pero sí invita a hacer introspección. Empiezo a preguntarme por qué un tema me genera molestia, por qué me confronta o por qué me resulta tan relevante.
Voy guardando información.
Después comienzo a conectar ideas que, aparentemente, no tienen relación entre sí.
Es entonces cuando aparece una hipótesis y comienza el verdadero trabajo de investigación.
Muchas veces una editorial nace de varias semanas —e incluso meses— de observación antes de convertirse en un video de apenas unos minutos”.
Tus editoriales suelen abordar temas que generan mucha polémica. ¿No te preocupa la reacción de la gente?
“Claro que existe preocupación, pero creo que sería mucho peor guardar silencio.
Vivimos en una época donde hay temas que muchas personas prefieren evitar porque saben que inevitablemente provocarán críticas. Sin embargo, precisamente esos son los temas que necesitan discutirse con mayor responsabilidad.
No busco generar polémica por la polémica misma. Mi intención es abrir espacios de reflexión.
Hay asuntos como la diversidad sexual, las masculinidades, el privilegio, la discriminación o los derechos humanos que requieren conversaciones serias y fundamentadas. Si quienes tenemos una plataforma evitamos hablar de ellos por miedo a las críticas, entonces esas conversaciones nunca sucederán”.
¿Sientes que esa responsabilidad ha cambiado tu forma de expresarte?
“Muchísimo. Hace algunos años probablemente hablaba desde una postura más impulsiva. Hoy procuro ser mucho más preciso con el lenguaje.
Las palabras importan. Una palabra mal utilizada puede cambiar completamente el sentido de una idea.
También aprendí que no todo debe convertirse en una opinión inmediata. Hay temas que requieren tiempo para investigarse antes de emitir un juicio. Por eso intento construir mis contenidos con mayor profundidad y responsabilidad”.
Uno de los temas que más has abordado es la diversidad sexual.
“Sí, porque durante muchos años ha existido muchísima desinformación.
Con frecuencia se mezclan conceptos distintos como orientación sexual, identidad de género, expresión de género o sexo biológico, cuando en realidad cada uno significa algo diferente.
Muchas discusiones públicas parten de definiciones equivocadas.
Por eso considero importante explicar estos conceptos de manera sencilla, sustentándolos en evidencia científica y en el consenso de organismos especializados.
No se trata de imponer una ideología; se trata de informar correctamente”.
En ocasiones las personas juzgan situaciones sin conocer el contexto.
“Exactamente.
Vivimos en la cultura del fragmento.
Vemos un video de veinte segundos y creemos conocer toda una historia.
Eso es muy peligroso.
Cada situación tiene un contexto específico.
No podemos analizar un fenómeno social solamente desde una experiencia personal. Necesitamos comprender también los factores culturales, familiares, económicos e históricos que influyen en cada caso.
Ese contexto cambia completamente la conversación. Y quiero cerrar con algo muy importante: no me crean sólo porque lo digo yo. Cuestionen, investiguen, contrasten la información y formen su propio criterio. Eso es lo verdaderamente importante”.





