Antología de un personaje… Erica Flores
“Como marca, fuimos el primer referente de moda de autor hecha en el Caribe con proyección internacional, demostrando a las nuevas generaciones que desde Cancún se puede crear moda”

Por Esteban Torres P.
Cada uno de los destinos turísticos del mundo se distinguen principalmente por su paisaje y a partir de ahí adquieren su personalidad ya sea por su gastronomía, su cultura, sus tradiciones y todo eso recae en su forma de vestir, fue ahí precisamente el punto de partido de una diseñadora que visualizó un estilo a partir de todas las características que lo rodean, ella es Erica Flores, quien hizo de nombre una marca y de su marca un referente del estilo de vestir en Cancún.
Este año -2026- es muy importante en tu carrera como diseñadora y todo comienza con un sueño que se cristalizó en 1996. ¿Qué pasó ese año?
“1996 marcó el punto de partida formal donde la visión dejó de ser un boceto para convertirse en una casa de moda con identidad propia. Fue el año en que decidí apostar por la alta costura en Cancún, estableciendo la boutique y el taller, trazando la primera colección que definiría la estructura de la firma. Desde entonces han pasado 30 años”.
Tu estilo nació con un sello muy definido y hasta la fecha lo has conservado. ¿Cómo se gestó, qué elementos son básicos y cuáles han evolucionado?
“Se gestó desde la búsqueda de la elegancia orgánica: líneas fluidas que respetan la figura femenina sin encorsetarla. Los elementos básicos son el entalle anatómico perfecto, el movimiento en las caídas y la intervención textil artesanal. Lo que ha evolucionado es la técnica del relieve; hemos elevado los bordados 3D y las texturas tridimensionales para dar mayor volumen visual a piezas ligeras”.
¿Tu firma como diseñadora irrumpió en una época en la que Cancún no tenía un referente firme de moda fuera de nuestras fronteras y eso complicó o facilitó el camino para abrir brecha a las generaciones venideras?
“Fue un reto doble. Por un lado, complicó el inicio porque no existía la proveeduría especializada ni una cultura local de alta costura bespoke (a la medida y exclusiva). Por el otro, facilitó abrir brecha porque fuimos el primer referente de moda de autor hecha en el Caribe con proyección internacional, demostrando a las nuevas generaciones que desde Cancún se puede crear moda”.
Un detalle que caracteriza a tus diseños es la combinación constante de textiles hechos por artesanas mexicanas, eso le da un toque más artístico y orgullosamente valida y eleva el sello Hecho en México. ¿Cómo se dio esa simbiosis?
“Nació del respeto por las raíces y el deseo de dignificar el trabajo manual. La simbiosis fue orgánica: integrar bordados y tejidos tradicionales dentro de siluetas contemporáneas de gala. No se trata de disfrazar la prenda, sino de fusionar la cosmovisión artesanal con la alta costura para posicionar el sello “Hecho en México” en el nicho de lujo internacional”.
¿Vivir en Cancún influyó para crear un concepto “atemporal” en cada una de tus colecciones? Porque haciendo una revisión de antología a tus diseños notamos frescura, colores cálidos y claros además cortes vaporosos…
“Definitivamente. El entorno caribeño dicta una sofisticación sin rigidez: la luz, el clima y el mar exigen telas nobles, respirables y vaporosas. Vivir aquí me enseñó a diseñar piezas que no caducan por temporada, sino que mantienen su frescura y elegancia a lo largo de los años en cualquier destino del mundo”.
Tu historia se ha fortalecido apoyando eventualmente asociaciones, grupos vulnerables y haciendo colaboraciones a través de los años que han hilvanado tu nombre al de causas humanitarias… ¿Cómo te ha fortalecido todo eso como diseñadora para seguirlo realizando?
“El diseño pierde sentido si no conecta con la empatía. Apoyar causas sociales devuelve a la comunidad parte de lo mucho que nos ha dado y da un propósito ético al trabajo del taller. Saber que una prenda o un evento con causa trasciende la estética para impactar la vida de alguien me fortalece humanamente y nutre el alma de la marca”.
Nada de todo lo logrado sería posible sin el apoyo emocional e incondicional de una persona que ha estado a tu lado todos estos años. ¿Qué nos dices de ÉL?
“Ha sido mi pilar y el equilibrio en este camino. Mi esposo Emmanuel me ha brindado un respaldo emocional incondicional, su conocimiento y experiencia en organización, reingeniería y finanzas ha dado la estructura y el control administrativo necesarios para que la parte creativa pueda fluir y crecer sobre bases firmes. Sin su acompañamiento a lo largo de todos estos años, la historia de esta casa de moda definitivamente no sería la misma”.
Quienes te conocemos sabemos que eres heredera del talento de una artista plástica que tú has plasmado en el diseño y ahora descubrimos que ese mismo talento lo lleva también en su ADN tu único heredero. Cuéntanos del gusto que te da ver esa transición artística…
“Es una alegría muy grande y algo que agradezco profundamente. La sensibilidad que aprendí de mi madre fue mi guía para crear, y ver que mi hijo Sébastien tomó ese gusto por el arte y lo hizo suyo es hermoso. Verlo trazar su propio camino en el arte, con tanta dedicación y desde su propia trinchera, es un orgullo muy especial para mí como mamá”.
Se dice que el único límite está en el cielo, ¿de dónde emana para ti esa inspiración que todo creador necesita para seguir diseñando cada temporada?
“Emana de la naturaleza, de las artes plásticas, de la textura de las telas antes de cortar y de las historias de las propias mujeres que entran al atelier. Cada clienta llega con una ilusión, y transformar esa energía en un diseño exclusivo es una fuente inagotable de creatividad”.
Del punto de partida al momento que lo ves puesto en tus clientas, qué parte del proceso disfrutas más y qué te da dolor de cabeza, porque cada diseño está hecho con telas irrepetibles y es una prenda más en el guardarropa de tu historia personal.
“Lo que más disfruto es el momento de la prueba final, cuando la clienta se mira al espejo, se emociona y siente que la prenda es una extensión de su personalidad. El verdadero «dolor de cabeza» es que el tiempo nunca me alcanza para plasmar todo lo que traigo en la cabeza; son tantas las ideas, cortes y detalles que imagino para cada pieza, que mi mayor reto es lograr aterrizar toda esa creatividad en el reloj que exige el taller”.
CRÉDITOS:
Maquillaje y cabello Paulina García.
Locación: Parque XOXI, by Grupo Xcaret.
Fotografía: Rubén Landa.




