Antologia de un personaje

Ella es: Martha Basurto

El autismo se convirtió en mi proyecto de vida y mi vocación científica estableció un modelo educativo de beneficio común”.

Por Esteban Torres P.

Llegó en calidad de bióloga a Quintana Roo en 1984 y obtuvo una plaza como investigadora científica por el Instituto de Investigaciones Pesqueras, fue adscrita en Puerto Morelos donde conoció a su esposo Manuel Puerto, quien sigue al frente del centro de investigaciones. Así comienza la historia de Martha Basurto Origel, quien es un personaje de antología… 

Instalados en uno de los salones de Astra AC que por la pandemia ha puesto pausa a sus actividades, Martha nos confesó que no pensaba quedarse mucho en el Caribe Mexicano, pero cuando empezó a crecer la familia cambió de planes, primero llegó su hija María José y cuatro años después nació Juan Manuel -´Juanma´, como realmente le decimos-, “nació con autismo y en ese momento no había lugares dónde tratarlo, Cancún no tenía ni idea de esta necesidad, ni los pediatras lo podían identificar claramente; fue un caminar muy solitario, la única solución que encontramos fue irnos a vivir a la ciudad de México, intentamos quedarnos durante dos meses, pero extrañamos mucho Cancún, porque aquí disfrutamos verlo libre en la playa o en una plaza como Kukulcán pero eso era impensable en la Ciudad de México”.

Cuando regresaron tomaron el toro por los cuernos y en alianza con otros papás que conoció en el breve andar por clínicas, hospitales y pasillos de los consultorios de los terapeutas, se gestó un proyecto que apoyó una persona muy importante: la maestra María Luisa García Lanz, quien actualmente es la supervisora de educación especial y en ese entonces era la directora del Centro de Atención Múltiple que está en el centro de la ciudad. 

“Cuando nos dimos cuenta éramos casi 14 familias y juntos establecimos la asociación Astra AC, nos dieron un pequeño espacio dentro de CAM para que una ONG compartiera el mismo lugar con una escuela pública. Fue un buen acuerdo en donde convivimos dos instituciones públicas/privadas hasta que comenzamos a crecer y ya no cabíamos, así que tuvimos que buscar otro lugar porque estábamos ya en otro nivel”, recapituló.

“Si bien la parte económica era importante, porque nunca se sabe cómo vamos a cubrir un nuevo gasto, era más valioso saber que ya teníamos una metodología especializada que nos proporcionó la Academia Mexicana del Autismo, así conocimos al doctor Carlos Marcín, que en dos o tres instituciones se practicaban; nacimos a la par con Monterrey hace 23 años y comenzamos no sólo ayudando muchachos sino preparando también a terapeutas. El doctor Marcín venía cada mes y en coordinación con la organización de Mérida pagamos la mitad del viaje, así fueron dos años; estuvimos tocando puertas para que nos apoyaran, Magnicharters nos apoyó muchísimo, pero hoy su margen de ayuda es muy reducido, un grupo al que estamos muy agradecidos es a Damas Hoteleras que nos apoyó con estancias para los médicos, básicamente durante la presidencia de Anamari Irabién de Novelo. Hoy en Cancún hay varios centros y escuelas que trabajan con niños con autismo que directa o indirectamente, se formaron en Astra, y esa ha sido la contribución de esta organización a la comunidad, al municipio y un poco también al Estado. Hace dos años se abrió un departamento en Chetumal por parte del DIF y hace unos meses en Cancún; desconocemos la parte metodológica pero ya están trabajando. No hemos podido llegar a otros municipios concretamente, pero tenemos contacto con casos de Playa del Carmen y Cozumel”, aseguró.

“Astra fue creciendo y el 24 de octubre de 1997 nos constituimos, conseguimos este terreno en comodato por parte del municipio, aquí estuvo el primer kínder en Cancún, antes de irse a otro espacio. Era una palapa sobre la que hemos ido construyendo poco a poco, participaron muchos empresarios a veces promovidos por Damas Hoteleras y el International Women Club (IWC), Fundación Oasis nos dio el empujón que necesitábamos, ellos pagaron el primer curso diplomado en capacitación”, recordó.

A esta altura, la vida de Martha era un circo de tres pistas, literalmente, ella seguía en su trabajo como investigadora, se hizo cargo del manejo de recursos y la pesca del caracol rosado, las vedas; di0 clases de estadística y metodología de la investigación en la Universidad Anáhuac, en La Salle y en la Maya Cancún, pero siempre estando al pendiente de la organización. “Desde que lo fundamos siempre tuvimos la idea de institucionalizarlo, dejar que un grupo operativo hiciera su chamba y únicamente supervisar que se respetaran las directrices, viendo que se llevaran a cabo los proyectos, y vigilar las necesidades que se llevan sobre la mesa de la toma de decisiones”, aseguró.

“El crecimiento fue inevitable y así comenzamos con la Escuela de Educación Especial, que anexamos al Programa Nacional de Educación, de la SEP, donde hay una cláusula de ajuste curricular que es muy flexible en la que dice que el maestro tiene que impartir materias del siguiente ciclo escolar si el niño es superdotado, o bien, bajar el requerimiento para ajustarlo a su nivel de aprendizaje. Los modelos de educación especial, como el nuestro, están hechos para la vida independiente; no nos metemos con materias como historia, literatura, historia, geografía, nuestra currícula la sacamos de manuales internacionales para personas con autismo, de propuestas ya muy hechas; la ciencia ya ha hecho mucho desde la década de los 80´s. La metodología que usamos desde un principio proviene de la Universidad de Carolina del Norte y en México lo ven como una novedad, no sólo en esta sino en muchas áreas nos tardamos mucho en consumir lo que la ciencia va produciendo”, comentó. 

“En mi tesis de maestría estoy ajustando ese curriculum aunado con la práctica de 20 años. Ahora sabemos que el autismo es un problema de conducta, de comprensión del lenguaje, de alteraciones sensoriales, fallas en la interacción social, pero físicamente no tienen ninguna dificultad, así que son personas -niños y adolescentes en este caso- que no podemos mantener sentados frente a la mesa porque podemos generar un problema donde no lo hay, por ello incluimos a nuestra propuesta curricular el deporte que no estaba contemplado. Antes de la pandemia teníamos metidos a los niños en varias actividades deportivas que tuvimos que interrumpir. Hemos desarrollado su destreza en el manejo de cosas simples como subir una bicicleta o nadar, para que realmente puedan disfrutar de la vida en toda su magnitud”, afirmó.

“Algo que me ha dado mucho orgullo fue haber logrado esa evolución en ellos, cuando fuimos de excursión a Río Lagartos, sorprendimos a los lancheros por la facilidad física que habían logrado los chicos. Ellos estaban temerosos de lo que podría pasar, pero la metodología nos hizo ver que desde la infancia debemos prepararlos para la vida adulta; debemos tener una visión del desarrollo del individuo que está en nuestras manos para la vida adulta. Así es la educación y ellos no son la excepción”, aseguró.

Cuando los chicos ya habían alcanzado todos o gran parte de los objetivos de la currícula nos preguntamos ¿ahora qué sigue? La vida práctica… Así surge el proyecto de Casa Astra en 2015. Buscamos hasta encontrar una metodología en España, de la que tomamos los elementos que necesitábamos y así fuimos descubriendo sus destrezas para empezar a trabajar con ellos. Al hacerlo sobre la marcha, marcamos un inicio sin ponerle un final; hubo un momento en el que teníamos chicos de hasta 30 años y ahí seguían. Cuando establecimos que este era un lugar diseñado para desarrollar habilidades para la vida independiente, fijamos que no era una estancia ni mucho menos, realmente nos rebasó porque no visualizamos un proyecto posterior. Por otro lado, la pandemia nos hizo desarrollar la creatividad y el nuevo proyecto se llama Astra en tu casa, donde el terapeuta asiste a cada chico en su casa para que realice en su casa las labores que aprendió. Por otro lado, esta es también una forma de integración familiar en la que la familia refuerza esas habilidades que tiene el individuo porque es muy fácil dejarlo en capacitación y bajo nuestro cuidado mientras ellos se van a trabajar, pero llega la hora de interactuar con ellos para que sea funcional”. 

Una cosa les fue llevando a otra y el siguiente proyecto fue sacarlos a la calle para que puedan interactuar. “Decidimos uniformarlos con playeras color amarillo chillón, y enseñarles desde cruzar una calle, ir al Oxxo o ir a sus actividades deportivas. Cancún es un sitio que favorece la inclusión y nuestra ubicación nos favorece para ayudarlos en este tipo de prácticas”.

Al final de eso se trata, de darles herramientas a los chicos y así surgieron sus actividades deportivas. “Alguna vez fueron a unas competencias dentro de unas olimpiadas especiales en Mérida; me encantó el programa y al final tomé también las riendas que soltó Tere Montes de Oca cuando se fue de Cancún, me quedé al frente de la dirección de las Olimpiadas Especiales Quintana Roo para todos los municipios; organicé también los juegos estatales de deporte adaptado, empezamos con discapacidad intelectual y terminamos incluyendo todas las discapacidades. Posteriormente me involucré en la creación de la Asociación de Deportistas Espaciales, que es la antesala de las Paralimpiadas Nacionales, con orgullo podemos decir que algunos de nuestros chicos son atletas paralímpicos que participaron en aguas abiertas en Estados Unidos y Puerto Rico. En la parte artística Omar es uno de nuestros chicos más destacados, incluso recibió un premio en Francia que no pudimos ir a recoger ni entregar en una ceremonia especial porque se cruzó la pandemia y en ese sentido tuvimos que recortar muchas cosas, pero confiamos que retomaremos nuestra agenda para que sigan trabajando y siendo productivos”, aseguró.

Después de toda una vida dedicada a la investigación y poner en práctica todos los modelos educativos para darles las herramientas para dignificar su vida, Martha Basurto no descarta la posibilidad de importar todo este aprendizaje a otras ciudades; “ha funcionado en Cancún porque hay fundaciones, realizamos actividades como el bingo y la gente asiste, tenemos benefactores que se preocupan por los muchachos pero todo ha sido resultado de un movimiento interno de la sociedad porque el gobierno no hace mucho por estas cuestiones; en Chetumal hay cinco asociaciones civiles pro autismo que no han podido concretar un proyecto porque el gobierno nunca les da el apoyo y nosotros sí hemos podido a pesar de que no recibimos ni un centavo”. 

En Astra AC les brindamos a las familias una detección temprana a través de un filtro. Uno de cada 150 niños puede ser candidato, pero sí entre los primeros 13 y 18 meses se detectó esta irregularidad, se puede empezar a intervenir más temprano y tener un niño regulado conductualmente entre los cuatro o cinco años, de esta forma se garantiza su acceso al ciclo escolar en tiempo y forma.

“En estos años la población de niños autistas se ha mantenido, pero todos en nuestra vida hemos convivido con personas con autismo, en otros tiempos eran los ´niños problema´ o era el tímido que estaba arrinconado, actualmente podemos ver que muchos son presos de las tabletas electrónicas o los teléfonos celulares que neurológicamente no favorecen las interacción social, pero es una población que siempre ha estado… antes se le llamaba retraso mental y ahora se le denomina discapacidad intelectual”, subrayó.

Martha incursionó en la metodología de algo que desconocía cuando estaba iniciando la maestría en ciencias en la facultad de ciencias en la UNAM, y coincidió que justo cuando la terminó, obtuvo el diagnóstico de su hijo y ello interrumpió su ingreso al doctorado, pero nunca lo descartó, lo suspendió en lo que empezó su gran tarea; Martha hizo el compromiso de capacitar a unos psicólogos para poder entregarles el changarro y así poder continuar con lo suyo, pero al día de hoy, 20 años después, ese proceso aún no termina porque siempre hay conocimientos nuevos que enriquecen la formación de los jóvenes con autismo.

Haciendo un paralelo de su vida, Martha ha canalizado su vocación científica dándole uso a su capacidad como investigadora para crear un beneficio común, transformando una comunidad, pero ya es momento de retomar la visión científica para sistematizar la experiencia del modelo y que quede por ahí escrito, “empecé por un hijo y terminé adoptando a más chicos y haciendo más grande nuestra familia”, asintió. 

“El manual de Juanma” es otro de sus proyectos a realizar que se quedará de herencia para su hermana y para otras familias donde haya un niño con autismo porque su caso fue muy severo, nadie se lo dijo, pero ella sí lo notó y así se escribió el principio de toda esta bella historia. 

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