Sentir es crecer

“It’s better to feel pain, than nothing at all.” Esta es una frase de mi banda favorita, The Lumineers: “Es mejor sentir dolor que nada en absoluto”. Me ha marcado durante años, y cada vez que la escucho en la canción Stubborn Love, vuelvo a entrar en modo reflexión. Muchas veces caemos en un estado de victimismo, donde todo lo que ocurre a nuestro alrededor lo interpretamos como si tuviera el propósito de hacernos daño. Sentimos que el mundo conspira para que todo nos salga mal, para hacernos sentir mal. Pero al menos el mundo nos está haciendo sentir. Y eso, aunque no lo parezca, es algo que debemos agradecer, porque sentir es aprender y conocernos. Sentir es una ganancia; estás un paso adelante de muchos que eligen bloquear lo que sienten. Sentir nos hace humanos, diferentes e inteligentes, pero también vulnerables, sensibles y empáticos.
Sentir no siempre significa disfrutar. La mayoría de las veces, es lo más difícil que podemos hacer, pero también lo más valiente. Se necesita coraje para aceptar tu presente, vivir tus experiencias y sentir lo que te toca. Porque el mundo puede estar conspirando, pero no es contra ti, sino hacia ti. Está conspirando para hacerte vivir emociones profundamente personales, porque a ti, en específico, te toca aprender de ellas. A ti te harán crecer como persona y prosperar en todo lo que venga. Un día en el que sientes es un día más en el que creces y dominas tu ser.
¿Cuántas veces llega un sentimiento directo al corazón, sabes que está ahí, pero dices: “Hoy no. Hoy no te quiero recibir, me rehúso a hacerte parte de mí, no estoy lista…”? Y entonces bloqueamos todo lo relacionado con esa emoción. Tocó la puerta de nuestra casa, pero nos negamos a abrirla y recibir a esta invitada, porque sabemos que tal vez se instale y luego sea imposible echarla. Pero ahí está la clave: acepta todos los sentimientos. Déjalos entrar, porque están ahí por una razón en específica. Y aunque el sentimiento sea bueno o malo, la razón siempre tiene un propósito valioso: ayudarte a vivir el presente y prepararte para florecer en el futuro.
Recibe ese sentimiento, sé la anfitriona o el anfitrión en tu casa el tiempo que sea necesario. Y cuando estés list@, despídelo. No dejes que se quede para siempre, pero conócelo, aprende de él, escúchalo y dile adiós. Cuando se haya ido, te darás cuenta de que una parte de ese sentimiento se quedará contigo. Tenía un propósito: dejar una marca en ti.
Por eso decimos que los abuelos son muy sabios, ya que han recibido miles de emociones y han aprendido del sentir. Pero, entre más sabios son, más han sentido. Muchas personas mayores se han negado a sentir durante su vida. Han evitado cualquier tipo de emoción que los haga sentir incómodos… que los haga sentirse humanos. Y cuando se dan cuenta, ya no recuerdan cómo volver a serlo. Llega un punto en el que ni siquiera saben qué se les permite sentir.
Para reflexionar, los dejo con uno de los mejores monólogos del cine. En mi película favorita, Llamame por tu nombre, de Luca Guadagnino, después de la primera ruptura amorosa del protagonista, su padre lo sienta y le dice:
“Ahora mismo, puede que no quieras sentir nada. Probablemente nunca quisiste sentir nada, y quizá no sea conmigo con quien quieras hablar de estas cosas, pero tengo la impresión de que sí sentiste algo… Damos mucho de nosotros mismos para curarnos antes de las decepciones, y a los 30 años ya estamos agotados, y tenemos menos que ofrecer cada vez que conocemos a alguien nuevo. Pero hacer como si no sintieras nada, solo para dejar de sufrir, ¡menudo desperdicio!… Cómo vives tu vida es cosa tuya, pero recuerda que nuestros corazones y nuestros cuerpos solo se nos dan una vez y, antes de que te des cuenta, tu corazón está agotado, y tu cuerpo llegará a un punto en el que nadie lo mire, y mucho menos se acerque a él. Ahora mismo hay pena, dolor… no trates de reprimirlo, o perderás la alegría que sentiste”


